Banksy y Bimba deberían casarse y alumbrar un concepto. Debería ser una antorcha, que recorriera las calles y la gente siguiera. Una idea absoluta. Un descontento bonito.

Me gustan los inconformistas, la satisfacción en su propia habitación a resguardo del mundo, de haber pintado un sueño en la ciudad. Ladrillos amontonados llaman ahora al instinto del ladrón.

Esto me hace volver a confiar en la humanidad, queremos aún quedarnos con proclamas a la justicia, al amor y a la igualdad. O al menos, a lo estéticamente amable.

Será que no somos los animales que dicen que somos. Será que aún hay cabida para Banksy, para muchos más. Será que mientras amemos el arte, la protesta por el bien, la preservación de la conciencia…no estaremos abocados a la trituradora de almas que es la prostitución del ser, la podredumbre. La venta de tu propio Dios a cambio del exceso.

Salgo a la calle y aún veo señales de pintura, y me consuelo, y me apacigua las ganas de salir corriendo de esta órbita. Aún no estamos perdidos. Bien!

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