Me encanta guardar todo lo que me bientrata (palabra un poco Orwelliana) la vista. Hago colección. Todas las imágenes que hicieron saltar mi temporizador interno. Me han secuestrado alguna vez, me han llegado a preocupar, a dejarme el amargo en la boca, a hacerme llorar. Poderosas imágenes, no las subestimes porque te pellizcarán las entrañas, y te soplarán en los adentros.

Lo hago porque me parece increíble que un conjunto de formas y colores, personas dispuestas de diferentes maneras, sean capaces de transmitir emociones, situaciones complejas. Creando en alguien, en mí, arañazos en el bazo, calambre en las costillas.

Que ves cuando miras la fotografía de una modelo en posturas impostadas? Un elegante vertedero, un animal naciendo, una expresión resignada?

Yo veo equipos de reanimación emocional. Son dos planchas que se enchufan al sótano de tu consciencia y te descargan de golpe, millones de razones para pensar en un lugar más allá de la cadena de montaje que es tu existencia.

Te hace recordar, doblegarte, te libera de las vías que te autoimpones para pensar, las que conducen tus ideas por caminos con paredes. De repente…recuerdas que no estás sólo, que formas parte de algo tan grande que no soportas pensarlo. No te mueras.

Y es que una imagen es tan potente que lleva la carga de lo reflejado a todas las miradas que atrapa. Y sin perder ni un solo gramo de fuerza cada vez.

Aquí os dejo algún que otro tirón de ojos.

 

@Sally Mann. Ni una palabra. En absoluto.

@Robert Doisneau. Alguien le mordía la uña al genio

Gerda Taro disparando a morir

 

 

 

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