He llegado hasta aquí con muchos rasguños en la maleta. A veces siento vergüenza al recogerla de la cinta transportadora del aeropuerto, pero me niego a cambiarla. Mírala, ahí está…directa de un campo de trabajos forzados para equipajes insurrectos. No la voy a desechar por experimentada, aunque se exhiba atroz al lado de esa Mon Monogram.

Y cuando dudo, porque de verdad que esta muy maltrecha, procuro encontrar al/el propietario/a de la maleta digna y le miro sus zapatos. Intachables. Miro mis botas. Apocalípticas. Es entonces cuando en este ejercicio comparativo, me doy cuenta de que estoy haciendo lo que de verdad me da la gana. Y sonrío. Y el/la propietario/a de la maleta digna y los zapatos intachables me mira pasmado/a. Y que tendrá que ver con que su atuendo sea impoluto. Pues nada, pero mi maleta con rasguños me recuerda que no ha sido un sueño. Que estoy de vuelta, pero con cicatrices en el pasaporte y el deseo de volver.

Hace seis años que me dedico a la fulminante maniobra de tragar pura vida. Tengo la manía de saquear cada segundo a mi alcance, y preocuparme poco. No me suelo tomar nada muy en serio, y me he vuelto un poco hedonista, y descuidada. También descuidada.

No podría llevar zapatos intachables o maletas nuevas porque serían un incordio como compañeros de viaje. Como salir a correr con un cojo. O ir a comer con la amiga que esta haciendo dieta. Así que amadas botas apocalípticas, cuando os miro veo la Muralla China, aquel poblado maya, las caóticas calles de El Cairo o los puestos de vino caliente de Budapest. Y me alegra tanto que seáis de mi propiedad. Aunque yotambién guarde un par de zapatos intachables en el armario.

Ah, pero no van solas. Tokorua somos dos. El que me arrastra es una fiera del cosmos, un trotamundos asiduo a los aviones que me enseñó que viajar es dejarse los escrúpulos en casa. Me ha hecho comer gusanos, y sentarme dónde te manchas. Caminar, caminar mucho y saber distinguir una buena comida de un buen restaurante. También me descubrió la importancia de conocer al autóctono. Le adoro porque viaja con 2 camisetas y una muda. Y siempre sale bien en las fotos. Le odio.

Querido lector, con esto no quiero decirte nada en concreto. Solo seas bienvenido a mis pensamientos sobre viajar, la moda y mi in-realidad diaria.

Aquí algunas fotos nuestras de ahí afuera:

 

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