Veo las noticias y pienso que no queda nadie bueno en la Vía Láctea. La condición humana es infranimal, desgarradoramente baja, estúpida. Definitivamente estamos aquí por casualidad, o por error.

Pero entonces suena mi teléfono, es Carla. Dejo el cuchillo de pesimismo dónde estaba. Es de las únicas supervivientes de la catástrofe moral que habita en todos hoy. Ella es buena y rubia de nacimiento. Fuerte por dentro y por fuera. Práctica, de las que escasean, generosa y sencilla y definitivamente humana.

La conocí y creí que era un poco rusa, guapa, fría y buena bebedora. No como yo. Sacudía como nadie mis odiosas manías, sacaba a tenazas cosas buenas de mí. De mi!

Y así aprendí que mi mimada existencia conocía algo de transcendencia a su lado. No la dejé marchar nunca más.

Salimos, viajamos, nos reímos, compartimos frustración y miedo, errores y aciertos. Y así pasaron 7, 8, 9 años. Ahora se va, a un país dónde hace mucho frío. Estará como pez en el agua, las respuestas duras no le asustan. Ella les dará su dosis también, y yo sonreiré a 2400 kilómetros imaginando una Carla protestona que no acepta que haya gente lenta, perezosa o infeliz.

żegnaj przyjacielu