Viajar te desata las bridas.

Devuelve a tu pelo a su estado natural, a tu piel.

Viajar te hace más humilde y  más rico. Viajar te enriquece.

Viajar te desconecta de tu teléfono, de tu madre.

Te conecta, contigo.

Viajar te desengancha del café, te descubre a tus ojos.

Te envenena de curiosidad.

Viajar responde a tus preguntas. Diluye la ignorancia.

Viajar te presenta a Dios.

Te entrega a vivir, te devuelve a tu esencia: a tu punto de partida.

Destapa tus fraudes y mata la cobardía.

Viajar borra tu maquillaje y te hace más guapa, más guapo.

Te deja secuelas, te aleja de personas.

Viajar te hace amar a tu compañero de viaje.

Acaba con la culpa, te trae de vuelta al mundo.

Viajar te desintegra en piezas y te vuelve a componer.

Pero viajar te destripa emocionalmente. Sin sutura. Con cicatriz.

 

 

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