Sin nada que ofrecer más que tu propia existencia, llegas de la decisión ajena, causando desgarro y despertando sentimientos de devoción y entrega.

Ahogo, una pala vuelca el corazón de quien te sostiene; le da la vuelta, lo saquea, lo desahucia y entrega la entraña revuelta a uno nuevo, a ti, que acabas de aterrizar en la dimensión visible, tangible, la de tocar, oler, morder y arañar. La edición madera y hierro. La que duele.

Tienes el contador a cero, pero te adivino días y años perdidos, otros de aprendizaje, muchos destructivos, otros de dejarse rodar cuesta abajo y los últimos, más útiles, de legado, serenidad y traslado.

Tu capacidad para destruir esta latente, pujando con el amor más puro y la generosidad, que también se aloja en todo ser humano que llega.

Digo llega, porque no creo que aparezca de la nada. Llegan de otro lugar, llegamos del todo. Nos desprendemos de ese conglomerado, flotante, expectante, sereno e infinito.

Te deshaces de los hilos y capas de potencial orgánico. Se forma tu limitación, tu tope de cuerpo, piel y huesos. Saldrás pero con un cepo, un bozal, para que tu bondad o maldad no se dispare descontrolada contra mi ojo o su cabeza. Tendrás que moverte con dificultad con ese precinto hasta que vuelvas de nuevo al conglomerado con el que te fundirás, acabado el metraje para ese recipiente transportador, perecedero y suave.

Llegarás tu también a conocer la vida plástica, acompañado, porque yo te traigo y te hago mío, aunque no me pertenezcas, y como soy de tener apego (muy de esta dimensión) , te cubriré para evitarte mis errores y facilitarte el camino durante tu efímera excursión, para que no te entretengas en equivocaciones, dolor y arrepentimiento.

Aunque forma parte del juego, pueden hacer que vuelvas antes de lo que yo quiero, al todo orgánico sereno e infinito de donde venimos. Y allí, estaremos juntos, pero en igual medida que están los demás. Y aquí lo estamos con una intensidad añadida. Y retomando tu capacidad sin estrenar, te advierto es especialmente amplia por la parte original que te forma.

Y es posible que hasta seas capaz de desprenderte del bozal y de las cuerdas y salgas de ti mismo, para mostrarte a los demás como no merecen verte. Ni siquiera yo, tu madre, seré suficientemente poco terrenal para saber ver a la primera, tu alma en toda su dimensión. Será tu padre, elegido cuidadosamente, quien la perciba y valore, quien sepa que has llegado, por error, con menos capas que limitan la altura del vuelo en los recién llegados.