Sobre lo que te mantiene en pie, te arraiga a tu cuerpo, te mantiene enchufado a este momento, ahora, a esto, a mi.

El sol de invierno, el olor a lluvia, a bosque, a mar, a todo junto. El sonido de un pájaro y nada más. El dejar escurrirse el tiempo sin angustia. El tren que llega y puedes no coger (hasta el último momento). El llegar a casa y que no este vacía, el olor a café, un hola. Tu libro empezado. Tus zapatos cómodos. Tu abrigo infalible. Tu mejor amigo. Encontrar una carta antigua en algún bolsillo. Recibir una postal. Una nota en la nevera. Una sonrisa que no esperas…y sin darte cuenta estas sonriendo. Una película que emociona, te recuerda que debes llamarle. Y le llamas. Y lo estaba esperando, le has hecho un poco feliz.

Y un abrazo de verdad. Un beso en la frente. Viajar. Redescubrir un lugar con ojos nuevos. Entrenar libreta, las páginas de un libro nuevo, su olor. El tacto de la piel, de la piel de un bebé, o de tu bebé, la tuya. Ver las estrellas fuera de la ciudad, esa sensación de que estas muy lejos. Llegar a casa de nuevo. Cualquier reencuentro con abrazo. Que alguien te espere. Tener cosas por hacer y lugares a los que quieres ir. Hacer listas de pendientes. Páginas en blanco. Mañanas silenciosas. El sonido del lápiz contra el papel. Comida caliente cuando hace frío. Sandía en verano.

Que alguien se quede dormido en tus brazos. Esa respiración lenta, pausada, tranquila, atemporal. Y tu como centro gravitacional de todo. Tu como la gravedad misma.