Y es que ayer no te dije mientras moría que estoy viéndonos reir sentados en el suelo de nuestra nueva excusa, multiplicando caricias y besos, mirándonos aún más por dentro, tocando piel con alma y viceversa.

Te veo a mi lado sonriendo, como tu lo haces, desde la verdad y con sello. Me sonríes a mi y yo solo te miro, sin preocuparme por nada más que por si después viene un beso.

Y es que no te dije tampoco que te estoy queriendo con mi futuro y con cada centímetro de hueso, cada litro de sangre, y en cada bombeo, que te los dedico todos desde hace ya algún tiempo…

Que vengan ya las tardes de otoño abrazados delante de una historia, la que sea, y sea de lágrima y nos imaginemos protagonistas. Que tenga final feliz, que te puedas quedar a dormir. Que te haga el desayuno y no te quieras ir.

Que tengamos vecinos y facturas, y lios, y gritos, y preferencias de un lado de la cama y del sofá, que tengamos prisa por la mañana, y que sea la misma.

Que llegue el domingo y te vayas, y vuelvas después del café. Y me cuentes que me quieres aún más, y yo pierda lo poco que quede de mi por tus tatuajes. Que los pueda contar cada noche estirada en tu pecho, el que tanto me gusta…y me sienta pequeña y vulnerable, como tu ya sabes.

Y que sea pronto. Y que sea.