Y no te amé nunca tanto como cuando me soltaste la mano, cuando apartaste la mirada y dejaste de buscarme en el tiempo.

Quieres dejar morir la gravedad, sabes que no es posible. Y duele más de lo que creía pero menos de lo que puedo soportar. Y duele dentro y retuerce el alma sin dejarla morir, como el castigo infinito a Sísifo.

Aplasta mis pulmones, respiro a medias, lo justo para vivir arrastrándome, sobrevivir.

No te dejas llevar y yo anclada a tu piel te sigo a ningún lugar, que es mejor que ir dónde no hay camino.

Y cada día es un cerco al miedo, y cada vez me importa menos el que dirán. Tu retrocedes lento y yo acelero, el accidente llegará, quedaré en la cuneta de algún recuerdo. Pero aún así te quiero querer sin peros.

Cada segundo se clava, y yo me desangro encantada. Que venga la noche, que la recibo aquí.

Déjame que te cuente que no espero nada y lo espero todo. Déjame que te cuente que cuento cada una de tus palabras y todas me dicen te quiero.

Así que tranquilo, déjame ir que yo me quedo. No te preocupes que ya sabía que arañarías la fragilidad del momento, pero de amor lo se todo. Y tu no lo escondes…no te sale, no hay forma. Déjame que yo se lo que hacer ahora.