La distancia real, la de kilómetros y un mar, arrancará tu aliento y disolverá mi marca. Respiraremos.

Pasará un día, y otro, y otro más…sin vernos, sin tocarnos. Sin escaparnos. Sin abrazo, ni consuelo. No habrá ya nada que confirme que te quiero, muy desde dentro, como yo hago…y es que no tendré como mirarte.

No estarán ya nuestras mañanas, y en su lugar lo ocuparán otras, más brillantes, más felices, menos complejas y sin condiciones. Esas mañanas serán las que te devuelvan a tu cama, a tus sábanas conocidas…sin saber, ni importarte, si yo aún te espero.

Suerte que el final del verano siempre llega y volveremos a amarnos como nuevos, pero más bronceados y despiertos. Camino a esa vida, que es de verdad la vida.